Niñez venezolana enfrenta el sufrimiento de ser dejada atrás

Abel Saraiba, coordinador del Programa Creciendo sin violencia de la ONG Cecodap.

Foro Nacional de Género abordó las consecuencias de la migración para la infancia

Elsa Pilato / Departamento de Información y Medios USB.-

La migración ha traído consigo fenómenos sociales novedosos y complejos para Venezuela, entre los cuales está el de “la niñez dejada atrás”, niñas, niños y adolescentes que se quedan al cuidado de un tercero porque sus padres se van al exterior buscando mejores condiciones de vida.

Abel Saraiba, coordinador del Programa Creciendo sin violencia de la ONG Cecodap, explicó en el IV Foro nacional sobre igualdad de género, realizado en la USB, que cada vez es más frecuente que los padres o cuidadores principales dejen a sus niños con abuelos, parientes, amigos o conocidos con la promesa de que la familia se reunificará más adelante. “Las intenciones son buenas, pero no hay ninguna garantía de reunificación porque el mejor futuro es incierto. A veces no hay ni siquiera garantía jurídica para que los niños puedan emigrar porque los padres pueden estar en situación de ilegalidad. También se ve la modalidad de la estampida, los padres buscan salvarse y el niño se queda con quien puede, a veces en situación de calle”.

Saraiba admite que el término “niñez dejada atrás” es duro, pero es pertinente porque la mayoría de niños y adolescentes lo viven como un abandono, “aunque venga acompañado del relato sobre la búsqueda de un mejor futuro, volveremos por ti, nos vamos a reencontrar”.

El psicólogo explicó que los niños y adolescentes experimentan incertidumbre y angustia y, por lo general, ambivalencia de sentimientos: extrañar a los padres y sentir rabia porque no están; la alegría de contactarlos y la tristeza de no tenerlos. “El sufrimiento que experimentan niños y adolescentes dejados atrás es profundo”.

Para las familias que acogen a los niños tampoco es fácil enfrentar la nueva situación. “Las familias no siempre están emocional ni financieramente preparadas. Los abuelos viven también el duelo por los hijos que se han ido, por ejemplo. Además, cada niño, según su edad, tiene necesidades que a veces los cuidadores no pueden cubrir. Si es un niño muy pequeño, quizás el abuelo no tenga la energía que se requiere para atenderlo. Aunque haya muchas buenas intenciones, se puede dar un cuidado negligente”.

Los procesos migratorios con frecuencia ocurren de forma intempestiva, sin que medie una preparación o un período de adaptación del niño con la persona que se va a quedar a su cargo. “La preparación es clave, hay que hablar de los que significa el proceso de migrar, del plan familiar, del dolor y la pérdida, de la rabia y todos los sentimientos asociados. Tampoco se puede hacer promesas que no estamos seguros de poder cumplir, ni decir mentiras piadosas. La migración es un proceso duro, duele y toma tiempo aceptarlo”.

Saraiba destacó que abordar este tema es necesario en el país, y que no se trata de promover ni condenar esta práctica. “Un contexto de emergencia humanitaria lleva consigo desplazamientos humanos por las condiciones que dificultan la subsistencia de las familias en Venezuela, pero no se puede migrar sin pensar las consecuencias de dejar atrás a nuestros vínculos. Esta forma de sufrimiento es novedosa para los venezolanos y va a generar efectos profundos en nuestra sociedad”.

El IV Foro nacional sobre igualdad de género, organizado por el Centro de Estudios de Género, adscrito al Instituto de Altos Estudios de América Latina (Iaeal USB), tuvo como tema principal el maltrato de niñas, niños y adolescentes en Venezuela.

El foro completo se puede ver en el siguiente video del Canal USB.

 

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