Ronald Vargas: “Para los más jóvenes la universidad se convirtió en un sueño inalcanzable”

Ronald Vargas con sus estudiantes.

El profesor uesebista Ronald Vargas Balda fue galardonado por la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales con el Premio Arnoldo Gabaldón de Química, por sus méritos académicos y aportes al conocimiento científico. Actúa y trabaja de acuerdo con la educación y ejemplo recibidos en su hogar: hacerlo de la mejor manera posible. Por más oscura que sea la situación, dice, “si decidimos quedarnos y venir a la Universidad, hagamos bien las cosas”

Elsa Pilato / Departamento de Información y Medios USB.-

Ronald Vargas Balda conoce bien la Universidad Simón Bolívar. En sus aulas y laboratorios se formó desde pregrado, como Ingeniero Químico, hasta postgrado, como Doctor en Química, y en estos mismos espacios desde 2012 como docente, tutor e investigador ha podido percibir una diferencia entre los estudiantes más jóvenes de hoy en comparación con el pasado. “Me preocupa que para los más jóvenes terminar una carrera universitaria sea un sueño inalcanzable, y preocupa porque indica un cambio generacional gigantesco con respecto a lo que era el venezolano, su formación y su cultura. Vemos estudiantes de segundo o tercer año de carrera que dejan la Universidad para trabajar o emigrar, porque ven demasiado lejos el grado, y el beneficio económico luego de obtenerlo, muy bajo”.

En contraste, entre los estudiantes que están terminando la carrera y los de postgrado, la mentalidad sigue siendo continuar formándose. “Se nota tristeza e incertidumbre por el presente, pero también que saben que si eres un profesional de calidad, las puertas se abrirán para ti, tendrás éxito dentro o fuera del país, si haces las cosas bien”.

Hacer las cosas bien, lo mejor posible, es la visión que rige la forma de actuar y trabajar del profesor del Departamento de Química. “Es la formación que me dio mi madre, y la premisa es que en toda actividad que emprendas, tienes que dejar tu ser para que se note la diferencia. Y esa diferencia se marca no necesariamente con la actividad en sí misma, sino con la relación humana. Porque al hacer, conoces gente, construyes nexos para el presente y futuro. Es lo que trato de transmitir a mis estudiantes”.

Conforme con esta visión de vida, Vargas opina que aún en medio de la situación oscura de las universidades, y en particular de la USB, quienes deciden permanecer en ella, “debemos hacer las cosas bien, sin importar que se esté cayendo a pedazos”.

Reconoce la labor de los profesores con más edad y experiencia que permanecen en las universidades. “Son quienes están poniendo a la Universidad sobre sus hombros, dan clases, asumen tesistas, rescatan laboratorios, es muy meritorio, porque la generación intermedia se fue del país, y los más jóvenes somos pocos, y también se están yendo. Se están perdiendo décadas de transmisión de conocimiento, de cómo trabajar, cómo educar y cómo hacer ciencia en Venezuela. El conocimiento está en las personas, en los doctores, especialistas, profesionales que desarrollaron un país, y quienes sobrevivan a esta debacle, podrán transmitir ese saber a otra generación cuando llegue el momento, o se tendrá que incentivar el regreso de quienes se fueron, y eso solo se logrará con una visión coherente de país”.

Vargas ve a la Universidad como un filtro social. “La persona que ingresa a la universidad, al graduarse, ya no es la misma. Las actividades fuera de las aulas donde el estudiante pueda interactuar con otros, hablar en otros espacios, discutir y refinar el pensamiento, son parte fundamental de la vida universitaria. En la época que me formé podías llegar a tomar un café en El Amper y compartir mesa con un profesor jubilado aún activo, un profesor más joven haciendo investigaciones novedosas, un estudiante que apenas está cursando Matemáticas 1 o 2, y un estudiante en fase de tesis, y esa mezcla generacional e intercambio en una conversación, nutría a unos y otros. Eso hoy ocurre con mucha menos frecuencia”.

Sin embargo, hay esperanza. “Si se generan las condiciones para que la Universidad pueda persistir, si ingresan personas que no tienen la mejor formación pero han decidido dedicarse a estudiar, los medios para su crecimiento profesional y personal están aquí, el apoyo lo van a tener, dentro y fuera de las aulas, podrán crecer”.

Buscando el porqué

La motivación para dedicarse a una carrera científica la tuvo desde pequeño en su propio hogar. “Mi padre es químico, de la UCV, y mi mamá se esforzó y me apoyó mucho para que en bachillerato, que estudié en el Colegio Agustín Codazzi de Caracas, participara en las olimpíadas de matemáticas y química, en concursos de redacción de ensayos y otros”.

Entró a la USB para estudiar Ingeniería de Metalurgia (mención de Ingeniería de Materiales de entonces) y se cambió a Ingeniería Química. Quedó fascinado al descubrir los laboratorios de química. “En esa época había más recursos y mejores condiciones, podíamos hacer prácticas de forma muy independiente, había reactivos y materiales suficientes para hacerlo. Tenías libertad para hacer, si lo discutías con los profesores y demostrabas que podías. A pesar de estar estudiando ingeniería, siempre volvía a los laboratorios a buscar el porqué de las cosas”.

Esa inclinación a las ciencias básicas se impondría en su progreso profesional, escogió hacer un Doctorado en Química. “La ingeniería me dejó herramientas útiles. Me da claridad para ver que lo que hago tengo que transmitirlo, hacerlo tangible para la gente, porque a veces en ciencias básicas uno se pierde en los conceptos y modelos teóricos. En el Doctorado en Química me especialicé en electroquímica, un área de la que conocí muy poco mientras estudié pregrado y a la que quise entender más”.

Entre reacciones redox

El área de investigación principal de Ronald Vargas es la electroquímica y comparte grupo de trabajo en la USB con los profesores Gloria Madrid y Benjamín Scharifker. “Hago electroquímica para entender los procesos que determinan las reacciones redox, reacciones químicas que están en todas partes y que son importantes para que la vida pueda llevarse a cabo. Con su entendimiento, eventualmente comprenderemos mejor las reacciones que permiten que la vida, el mundo, el ciclo del agua y del aire, existan”.

Esta aproximación a lo fundamental, se retroalimenta con el acercamiento a la electroquímica aplicada. “Entendiendo los procesos fisicoquímicos que regulan los procesos redox, hemos estudiado cómo aplicar reacciones de química verde para hacer, por ejemplo, oxidación de materia orgánica en efluentes acuosos. Si puedo oxidar la materia orgánica y esa materia orgánica está en el agua y es contaminante, entonces puedo removerla del agua y transformarla en algo que tiene valor agregado superior, o que deje de ser tóxico para el efluente acuoso”.

De esta investigación, un grupo de trabajo realizó hace algunos años un proyecto con la Fundación de Investigación y Desarrollo (Funindes USB), para diseñar una planta piloto que funcionara con radiación solar para la empresa petrolera Repsol. “La planta la diseñamos y probamos en el laboratorio, y también con el sol directo aquí en el campus de Sartenejas, y realizamos el diseño de instalación para Repsol cuando tenía actividades en Venezuela. Hicimos lo mismo con Bigott para tratamiento de nicotina con luz solar y semiconductores.”

Otro proyecto de investigación en el que trabaja, combina ambiente, energía y electroquímica. “Por ejemplo, los efluentes municipales de las ciudades tienen mucha urea, y en los protocolos de tratamiento de agua, después de que se quitan los sólidos, queda un alto contenido de urea que se puede oxidar por vía electroquímica, y, como subproducto de la reacción, obtener hidrógeno. El hidrógeno gaseoso es peligroso, habría que almacenarlo, también tenemos la tecnología desarrollada para hacerlo; esta fuente de hidrógeno podría tener un uso energético, y si el país no quiere evolucionar en esa dirección, puede vender el hidrógeno”.

Vargas aclara que no cuentan con apoyo para que esta contribución científica trascienda el campus universitario y sea considerada en las políticas gubernamentales en materia energética. “Mientras el país siga así, solo nos queda la curiosidad científica y la responsabilidad social de documentar, publicar y dejar proyectos armados de una tecnología para el desarrollo ya probada en los laboratorios de la USB. Cuando alguien quiera usar ese conocimiento, estará disponible”.

El grupo de electroquímica trabaja de manera cercana con el profesor Oswaldo Núñez, quien lidera en la USB el Laboratorio de Química Ambiental y Fisicoquímica Orgánica, y, en el exterior, con el profesor Franco Cabrerizo, del Laboratorio de Fotoquímica, de la Universidad Nacional de San Martín, Argentina, y el profesor David Fermín, del Laboratorio de Electroquímica de la Universidad de Bristol, Inglaterra.

Ronald Vargas, acompañado por las Autoridades de la USB, en la ceremonia de entrega del Premio Arnoldo Gabaldón.

Gran honor

La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales otorgó por unanimidad el Premio Arnoldo Gabaldón de Química 2017, a Ronald Vargas Balda, por sus reconocidos méritos académicos y aportes al conocimiento científico, en un acto celebrado en el Palacio de las Academias el pasado 13 de junio. Con este galardón, la Academia reconoce la labor de los científicos menores de 40 años. “Fue una grata sorpresa saber de la postulación y haberlo ganado es un gran honor, más aún recibirlo junto a mi colega Rafael Rodríguez (Ivic), también egresado uesebista”.

Vargas se graduó como Ingeniero Químico en 2007 y como Doctor en Química en 2012, ambos títulos con mención sobresaliente, ha publicado más de 30 trabajos en revistas arbitradas e indexadas, dirigido más de 20 trabajos de investigación y participado en más de 80 conferencias de congresos nacionales e internacionales. En 2016 fue seleccionado como miembro joven adscrito a The World Academy of Sciences (TWAS) por contribuciones fundamentales en ciencias químicas.

 

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